Ayer noche, de madrugada, me desperté, me desvelé, y no podía dormir. Vuelta y vuelta como un pollo al ast, calentándome los sesos, pensando por aquí, pensando por allá, un mal pensamiento se avecina, ¡no!, no quiero dar cabida a esos pensamientos de madrugada, son traicioneros, una vez que vienen y se acomodan, no se van ni a tiros. Doy otra media vuelta, no encuentro acomodo. Decido levantarme, enciendo el ordenador, a través de la ventana, veo la luna, redonda como un balón y resplandeciente, veo hasta las manchas de su cara, su luz me envuelve y otra vez a pensar.
¡Ay! Luna, luna, lunita, mi amiga luna, que con tu influjo lejano nos iluminas mientras nos miras, nosotros te contemplamos como se contempla a una diosa, ay! luna, lunita que cobras peaje con poemas a los enamorados poetas.
¡Ay! amiga luna, tan redonda, a veces tan cercana y otras lejana, como midiendo distancias, poniendo barreras para que no se nos ocurra robar tu ausente belleza.
¡Ay! luna, luna, lunita, mi amiga luna, a veces desconocida, a veces desconfiada, que muchas noches te ocultas, unas veces un cuarto, otras a media cara. No quieres confidencias, no añoras elogios, no deseas que te miremos, solo quieres contemplarnos.
¡Ay! amiga luna, tienes distintas caras, unas veces sonríes otras miras con desgana pero siempre nos iluminas, nunca desmayas, te puedo contar un secreto? -esta noche no-, bueno, entonces ¿quizás mañana?

