Cajon Secreto

5 de junio de 2011

Las mujeres que en mi habitan.- Lidia

Lamina de Daeni Pino

Se levantó muy temprano, se sintió cansada, pero razonando su cansancio cayó en cuenta que apenas había dormido cinco horas,  era normal que se sintiera así, con ese decaimiento, como si acabara de librar una gran batalla, que era ni más ni menos, lo que había estado haciendo durante esas cinco horas de sueño,  librando una batalla consigo misma. Lo presintió anoche, nada más poner la cabeza en la almohada, sintió como las nubes negras la envolvían en un sueño non grato, y hoy, al despertar, supo que el día, no iba a ser del todo suyo.
El primer tropiezo del día fue con la pata de la cama y justo en ese momento, sintió a su yo malhumorada, sintió a Lidia despotricar  como un carretero en veinticinco idiomas. Cerró los ojos y pensó «tómatelo con calma que el día va a ser duro». Lidia, estaba allí, triunfante, más derecha que un palo, con los brazos cruzados y en pos de guerra, con la victoria dibujada en su cara, y por cierto, con cara de pocos amigos. Ella siempre tiene un no para cada sí y un pesimismo para cada ilusión. Anda por la vida con la cara larga, las lentes grises y el enojo al día.
Cuando era Lidia la que tomaba el mando de su voluntad y  hacía su aparición, era difícil aguantarla, y ella,  se veía obligada a decir y a hacer cosas que no correspondían a su buen talante conocido por todos los que la rodeaban. Si, el día iba a ser duro, esperaba poder desarmar a Lidia y relegarla a las profundidades de su ser antes del medio día, no estaba dispuesta a permitirle que echara a rodar todo lo que había ganado en los últimos días, cuando decidió, que no iba a dejar a su mal humor apoderarse de su voluntad, de su tiempo, de su existir, ni siquiera, de permanecer adormilada en el rincón de los malos recuerdos, rincón que le había ocasionado mucho trabajo proceder al embargo y al desalojo, pero siempre queda algo, no existe el crimen perfecto, y por eso Lidia, para su sorpresa, había resucitado con fuerza en aquella aciaga mañana. 

Se preparó el desayuno con desgana, metió la leche en el micro, se le fue el santo al cielo, y ocurrió el segundo tropiezo del día, la leche se le derramó en el microondas, y Lidia con un humor de perros la insultó, le dijo que era una inútil, que no hacia bien las cosas, le hirió en lo más profundo, sin embargo, aunque tocada en su amor propio, no estaba hundida. Después de limpiarlo todo, desayunó con paciencia pensando y razonando sobre como se había levantado y como salir airosa de aquella situación y enviar a Lidia a hacer puñetas al rincón del cual había salido. Masticó no una, dos, ni tres, sino hasta un total de 7 veces cada bocado de aquel bizcocho que poco a poco, fue desapareciendo de la tartera, no le importaba las calorías que estaba ingiriendo, necesitaba energía, y mucha,  para lograr que Lidia desapareciera.

Sin recoger los restos del desayuno, se puso de pie, diciendo en alta voz,
«¡Ya basta! no voy a caer en tus garras de malhumorada y mal encarada. No quiero sentirme irascible ni contagiarme de tu bajón, de tu agresividad e irascibilidad. Ahora mismo me voy a dar un paseo por la orilla de la playa que es la medicina ideal para combatirte. Todo terminó por hoy para ti, te destierro a ese mundo oscuro, a esas profundidades donde no encuentres nada ni nadie a quien amargarle el día».
Dicho esto, se puso un vestido rojo y con los pies descalzos se fue a dar ese paseo por la playa que con toda seguridad, le ayudaría a recobrar su equilibrio y su talante.
Publicado por Nerim
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Etiquetas: Vivencias y sensaciones
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